
El agua del riachuelo corría caudaloso, aunque en esa época del año era lo habitual, después de caer los primeros rayos de la primavera en la montaña.
El bosque empezaba a despertarse despacio y los perezosos árboles se quitaban los últimos copos de nieve dando un toque de color al paisaje, al igual que las pequeñas flores que surgían con vistosos colores, dando una armonía alegre y sencilla al paraje
El sol saludó con cariño a todas las puertas del bosque, había que ponerse a trabajar, para que aquella primavera fuese la mejor, después de varios años, en los que la falta de unidad y el orgullo sus habitantes, consiguiera que los inviernos fuesen más largos, entristeciendo al sol, que luchaba con todas sus fuerzas para motivar a aquellas gentes.
Cada especie tenía una función específica y necesaria, pero no se relacionaban entre ellos, ni querían tampoco, lo único que importaba era lo que hacían sin pensar en los demás.
No se daban cuenta que su labor beneficiaba al resto.

